Tocaron a mi puerta, salí todo desaliñado, bostezando y rascándome las nalgas cuando escuché gritar :
- Hoooola!, Ehhh? Sixie? como estás d-digo, que sorpresa q-que haces aquí?
-Vine a casa de mis papás por unos papeles para poder regresar a Estados Unidos y casarme con Hugo el mes que entra, te traje varias cosas de allá.
-Ah! pues gracias, la verdad que sorpresa, pásale pásale ahorita te preparo algo de desayunar, la invité, aún oliendo a crudo y con mi bata de Spiderman pero contento pues tendría noticias de uno de mis mejores amigos, Hugo Cantabria, con quien me crié de chamaco, estudiamos juntos en la Academia de San Carlos, tambien practicábamos basquetbol y con nuestro equipo, visitabamos secundarias ofreciendo juegos a beneficio de los niños sin hogar del Monasterio de Nuestra Señora de la Influenza de Cuche; en una de esas escuelas, tal como versa la rola de Café Tacvba, "una morra de la secu 23"...fué donde Hugo Tarugo conoció a Sixie, trigueña ojerosa de 15 años, pelo negro liso y flaquita como palillo; Así, después desayunar platicamos largo rato mientras escuchaba el sensacional Disintegration de The Cure.
-Pues si Paco, me dijo; cuando nos fuimos ya casi dos años, nos cruzamos la frontera de manera bien peligrosa, pero afortunadamente, los tíos de Hugo fueron a buscarnos a San Diego y de ahí nos instalamos, la pasamos bien difícil vieras? Hugo lloraba todo el día porque se sentía solo, me decía que extrañaba las parrandas que tenían juntos, cuando jugaban, que eran uña y mugre, se llevó varias cosas tuyas eh? ropa, discos, hasta unas fotografías que tiene en el cuarto donde estamos; la vida es dura allá fijate, trabaja como albañil y antes dormíamos varios inmigrates en un sólo cuarto...
Sixie empezó a llorar, entonces le dije que tenía algo para ella, saqué de un cajón del librero unas cartas que me habia enviado Hugo donde hacía mención de lo mucho que él la amaba, las leyó y su rostro mostró una sonrisa tranquilizante, después me dijo: - Ok gracias por el desayuno, tengo que ir a casa para preparar algunas cosas, estaré aqui al menos dos semanas más, es para lo que me alcanza, Hugo me dió todos su ahorros para la boda, asi que dejaré dinero a su mamá y antes de irme, te marco por telefono si?, bueno bye bye.
Algunos días después mientras llegaba de trabajar, recibí un mensaje en la contestadora, era la prometida de Hugo que me pedía fuera a recogerla al centro, donde había comprado menester y medio para el bodorrio pero no podía con tanta bolsa, mientras me dirigía en metro al centro pensé: Bueno, que tal y me voy con ellos una temporada, ya me hacen falta vacaciones , hablaré con Hugo a ver si hay chance y saco mi pasaporte. Así pasaron dos semanas, tres, de un mes hasta seis y regularmente veía a Sixie para comer juntos, o llevarla a la embajada a tramitar su visa pues no era fácil conseguirla, se la denegaban por múltiples razones, el caso es que se quedó sin dinero y para sus padres, que se habían enojado con ella desde que se largó con su novio, todo era motivo de pleito y golpes de parte de su padrastro, hasta cierto punto, el hecho de que dos jóvenes se fugaran juntos era algo romántico, pero una vez el efecto se terminaba, comenzó el infierno. Hugo me siguió enviando cartas, hacíendo hincapié en que saludara a mi familia, regularmente se preocupaba por su novia, temiendo que no fuera a regresar a tiempo y de repente, dejó de enviar misivas. así pues, Sixie me llamo un viernes como a las 2 de la madrugada, llorando y totalmente desesperada:
- Paco, me da mucha pena, pero... puedes venir por mi?
- Mmm quien habla?
- Como quien pendejo pues yooo, Sixie, tengo un problema en mi casa, puedes venir?
- Si bueno, ahorita?...ok voy para allá.
Sin pensarlo mucho, me vestí con unos buenos abrigos pues hacía mucho frío, saqué el auto y me dirigí a la casa de sus papás, del otro pinche extremo de la ciudad. Al llegar ella estaba sentada en la banqueta, totalmente desquiciada, con unas pantunflas y el pelo desaliñado, el rimel se le escurría penosamente:
-Carajo, que te pasó? le pregunté.
-Me peleé con el idiota de mi padrastro, el muy imbécil se cree que puede gritarme y pegarme como si fuera una escuincle, me corrió de la casa, dice que no tiene dinero para seguir manteniendo vagos, que me ando gastando el dinero y no les he dado ni chicles, mi mamá la muy abnegada, se puso de su lado, quiere un chingo a ese malnacido; ni modo, me ayudas con mis cosas? me voy a ir a quedar a un hotel, son sólo unas maletas, mañana espero quedarme con una de mis tías pero ahorita ya es muy tarde.
Al no quedarme de otra, metí las maletas a la cajuela y nos dirigimos por el rumbo de Coyoacan, cruzamos Tlalpan y de lejos se podían apreciar los adornos decembrinos, series y mil colores en la víspera de Navidad chilanga, al llegar, el salón de fiestas tenía una posada, Yo no olvido al año viejo..., sonaba en la pista de baile mientras turistas y parejas bailaban al son cumbianchero, lleno de serpentinas, alcohol y encuentros prohibidos; Después de pagar en la recepción, subimos las escaleras y coloqué las maletas en una de las camas, me apresuré a despedirme pero Sixie no dejó que me fuera tan rápido.
-Oye me siento muy mal, podemos bajar por un trago? sólo uno, ya después te dejo ir ok? perdón, es que...(empezaba a sollozar).
-Ok está bien, además mañana descanso, vamos, tranquilizate, toma algo, cena y descansa.
Bajamos de las escaleras a la recepción, el lobby estaba lleno de extranjeros tomando fotos, con espantasuegras y trompetas, entramos al salón y una vez sentados, Sixie comenzó a llorar, el mesero movía negativamente la cabeza, reprobando la situación.
-Es que, no sé, Hugo no me ha hablado en todos estos meses, lo extraño y no quiero que me olvide, dijo que lo hacía por mi bien, porque estuvieramos juntos, que viniera y pusiera mis papeles en regla, le llamo por teléfono y me dicen que ya no vive ahí, no quiero pensar que se largó con otra y yo que hago, ahora?, si todos mis proyectos estaban con él, no me escribe, ya no me manda dinero, a su mamá yo nunca le caí bien y no me dirije la palabra, y ahora esto...
Realmente no supe que decir, no sabía que las cosas estuvieran tan mal porque siempre que nos reuniamos, todo era felicidad en sus ojos, planes, ilusiones que ahora se contemplaban tan rotas. Nunca supe cuánto tiempo pasamos ahí, escuchando su desahogo, observando el griterío de los comensales al ritmo del siguiente mariachi, algarabía y dolor juntos, conviviendo en torno a los caballitos de Herradura reposado; terminamos una botella y pedimos otra, hasta que comenzó a vislumbrarse el amanecer; pagué la cuenta y subimos tambaleantes las escaleras, cruzamos la habitación y antes de salir, ambos muy borrachos ya, Sixie me abrazó y me susurró al oido:
-Quédate conmigo, tengo mucho miedo, no me dejes sola, no te vayas ahora...
No dije nada, en la oscuridad que proporcionaban las gruesas cortinas, la cargué en brazos y la deposité en la cama, me tomó con fuerza del cuello y caí encima de su cuerpo, ya no había más que decir, mi voluntad doblegada por la tentación y un par de tragos hicieron su trabajo, lo único que recuerdo de esa noche fué que me quité los anteojos para protegerlos, ya no había música, ni llanto, ni tristeza ni proyectos, ovbio, mucho menos amistad...






